Comunidades negras de Bolivia
La música afroboliviana
La música afroboliviana, en sus diferentes manifestaciones, ofrece una variedad de ritmos, sones y representaciones que valorizaron, consolidaron e introdujeron a la cultura negra en el país. Cada año, durante las festividades religiosas, en poblados y ciudades, encontramos danzas de negritos, morenadas, caporales, zambos y tundiquis. Según los fraternos, estos representarían a los esclavos llegados durante la colonia a las minas de Potosí.
Esclavos negros
Traídos desde África a las colonias de ultramar en el siglo XVI, los esclavos negros llegaron a nuestro territorio trayendo consigo un sinfín de costumbres y manifestaciones culturales que poco a poco se arraigarían en nuestro suelo patrio. En la actualidad, la población afroboliviana sobrepasa las 20.000 personas y tiene una presencia que ha impactado fuertemente en la cultura boliviana
Tocaña, Mururata, Coripata y Coroico
Poblaciones de los valles húmedos paceños, como Tocaña, Mururata, Coripata y Coroico (en las provincias de Nor y Sud Yungas) constituyeron centros de difusión de su música y sus cantos tradicionales. La participación en la danza y el canto es general, y deriva en una variedad de formas: la saya, el mauchi, la zemba, el “baile de la tierra” y la “cueca negra”. En tal contexto, la música, la danza, los instrumentos musicales y el canto vienen a ser importantes artefactos culturales de resistencia y de re-creación de una identidad social que se consolida.
El Tata Belzu en la saya
Es posible que la abolición de la esclavitud en Bolivia –atribuida al gobierno de Manuel Isidoro Belzu en 1851– esté siendo narrada y perpetuada a través de la saya, a través de un primer verso, que tiene además la función de dar tono a la tropa y de cambiar, en el camino, de una saya a otra. El verso, a la manera responsorial, es cantado primero por el solista y luego por todos los demás. Este dice: “Isidoro Belzu bandera ganó, ganó la bandera del Altar Mayor”.











