La música para banda
La banda de música
Durante la Guerra del Pacífico se afirmó la tradición de acompañar a las tropas con bandas de música que habían sido creadas a semejanza de las bandas europeas. Cada regimiento tenía una banda, conformada generalmente por muchos tambores y pocos instrumentos de viento. Normalmente, las bandas solemnizaban con su música las llegadas y salidas de los pueblos; durante las batallas, se sumaban a la tropa.
Las retretas
Después del ocasional enfrentamiento, las bandas regresaron con el Ejército y sus directores musicales permaneciendo en las ciudades o “destinos” asignados. Sus tareas comprendían la dirección, la composición de nuevas obras y la interpretación de verdaderos conciertos durante las retretas que se celebraban en las plazas principales.
La música para banda se convirtió así en un vehículo de unión entre las diversas clases urbanas, ya que las retretas eran abiertas y gratuitas. En las plazas confluían las élites y las clases populares, y allí todos escuchaban oberturas de óperas europeas, marchas militares y, por supuesto, cuecas y bailecitos.
Francisco Suárez
Uno de los compositores para banda más destacados del periodo es el paceño Francisco Suárez, autor de las marchas Talacocha*, Cantería y Tiahuanacu. El prestigio de Suárez como músico fue tal que en 1902 fue nombrado como Comandante de la Escuela Militar de Música del Ejército.
Boleros de caballería
En este periodo nació a la luz el bolero de caballería, música de aire triste y solemne que refleja el sentimiento nacional frente a la derrota por las armas. Considerado como uno de las expresiones más importantes de nuestra historia musical, tuvo cultores como Daniel Albornoz, autor del bolero Terremoto de Sipe Sipe*.
En la actualidad, el bolero de caballería es interpretado preferentemente en los funerales y en actos religiosos como las procesiones del Viernes Santo.











