La poética musical
Escribiendo desde niña
Matilde Casazola Mendoza (Sucre 1943) escribe poesía desde los ocho años. En su adolescencia, animada por su tío Gunnar Mendoza, emprende el aprendizaje de la guitarra, instrumento que sería pronto su eterno acompañante. Tomó algunas clases con el maestro español Pedro García, a quien abandonó luego de un tiempo de práctica, para dedicarse a la composición. Tiene una vasta obra poética y musical, aunque gran parte de ella aún no ha sido publicada. Ha recibido el Premio al Pensamiento y la Cultura Antonio José de Sucre, de la Fundación La Plata de Chuquisaca.
En el escrito inédito Decir un poema, cantar un poema: la magia perenne de la poesía, Matilde menciona: “Poesía y música son géneros completos en sí mismos. Lenguajes que hablan, uno, la música, con sonidos armoniosos combinados en mil diversas formas, y el otro, la poesía, adentrándose en el alma misma de las palabras, desentrañando sus significados, relatando historias o sensaciones”.
Intérpretes de Matilde
Muchos grupos e intérpretes -como Altiplano, Luis Rico, Emma Junaro, Jenny Cárdenas, Álvaro Montenegro e incluso los rockeros de Octavia- han cantado y grabado sus temas. De regreso, Tanto te amé, Como un fueguito, Reloj de arena, Mi corazón en la ciudad, son solo algunos de los títulos de las canciones que se escuchan en gran parte del territorio nacional.
Y en suma, llegamos a lo que Matilde denomina “el misterio de la Voz”:
“¿No nos pasa acaso, a las gentes, que reconocemos a una persona inmediatamente por su voz? Su voz nos retorna al recuerdo que tenemos de ella y, que a veces, puede ya no coincidir con sus rasgos actuales. En la voz corporizamos el poema, lo acercamos a todos los oídos. Y con el canto, logramos que las frases perduren con un encanto singular”.











